martes, marzo 21, 2006

La chica de mis sueños


Hace unos dias, llege a mi hogar con un monton de cosas para meditar con la almohada, ademas de un golpe en la cabeza, otro en la barbila - el q mas dolio - y otro en la rodilla, aparte de un buen empujon contra una puerta metalica que termino de dislocar mi destrozado hombro izquierdo. Un lio que no busque pero que me gane por gracioso. Anteriormente a esos golpes de la vida, me puse a pensar en lo que he hecho hasta ahora. Como decia, me dispuse a dormir, en medio de los airados gritos de mi abuela materna; ya acostado dirigi mi mirada a un cuadro donde esta el corazon de cristo, una imagen preciosa que vela mis sueños y me recuerda los pecados que cometo en el transcurso del dia. Es momento pedi perdon, llore y reflexione sobre lo que hasta ahora hago con mi vida, lo cual no me da verguenza pero si pena. Creo que por asares del sueño o por la divina providencia de ese corazon de jesus, tuve el mas extraño, virtuoso, y complaciente de todos los sueños q hasta ahora, van del año. Paso a relatarselo.
Me ubicaba algo asi como en las afueras de una casa, estaba muy oscuro por los alrededores y solo me percate de que al interior de dicha casa, la gente bailaba y las luces eran muy luminosas, que incluso alumbraban el lugar donde estaba yo. yo me ubicaba sentado en una banca larga y negra, frente a un piano, no se si tocando o simplemente mirandolo. En esos momentos de la fiesta sale Carol, una chica que conocia desde 4to de primaria, y de la cual me enamore perdidamente a la edad de 9 años, poseedora de la sonrisa mas bella que jamas alla visto en lo poco que llevo de vida. Una sonrisa de lado que hechizo desde el primer momento mi corazon. Ella estaba saliendo de la casa, con un vestido largo, ablondado y con un bello escote en los hombros, que dejaba su atado pelo al descubierto. Me miro y se dirigio a mi. Al llegar a donde estaba me pregunto tiernamente, con una voz que no le conocia y con una dulcura penetrante, el: ¿como estas, hace tanto tiempo que no nos vemos? , fueron los 5 segundos mas esperados de mi vida, pues nunca supo que me gustaba, y mucho menos que estaba enamorado de ella. Pero ella no espero una respuesta, simplemente se sento a mi lado, y me miro con esos ojos que clavan en lo mas profundo del alma, un clavel. luego las escenas se tornaron confusas pues mi felicidad era notoria, tanto asi que la lleve a mi casa, donde estaba realizandose una fiesta en honor a no se quien. Pero yo era un niño nuevamente, reia, bailaba con ella al lado, y sonriendome, hasta que se topo la maldicion de mis 14 años, mis primas.
Estaban todas las primas con las que habia tenido afaires amorosos, y revolcones clandestinos. yo me quede sorprendido al ver dicha concentracion de tentacion junta. lo primero que se me ocurrio decirle a una de ellas, fue ¿Hay convencion?, y al voltearme hacia Carol, veo que esta a cambiado su gesto de candides, por tristeza pero profunda. ella corre sin rumbo y yo voy presuroso sobre sus pasos, y en una esquina se sienta y veo ese rostro angelical, simplemente triste, muy triste.
Trato de darle explicaciones y rompo en llanto hacia ella, y ella con un beso en el rostro cambia mi dolor, por agradecimiento. El recorrido transcurre ahora hacia la casa donde estan preparando la torta para la cumpleañera, pues crei haber escuchado por ahi que era una tia mia. Ella va conmigo, habiendo recuperado ese rostro iluminado que tenia antes, cruzo palabras con una amiga del instituto donde estudio, y esta nos lleva hacia donde esta la casa donde estan preparando. Hay la escena es mucho mejor, las bromas van y vienen, y la sonrisa se manifiesta en Carol.
En esos momentos oigo voces y veo que mi sueño comeinza a tornarse borroso, pero claramente distingo el rostro de Carol, triste nuevamente. Trato de resistirme a despertar y me aferro a ello con todas mis fuerzas, pues quiero dormir eternamente para estar con Carol, toda la vida. Pero fue inutil, mis ojos se abrieron y Carol se esfumo en mis sueños. Cuando despierto veo el cuadro del corazon de jesus frente a mi, mas nitidamente que nunca y simplemente atino a decirle con mi voz madrugadora, mira lo que he perdido.